El caserón educativo
asturiano necesita una reforma integral para responder adecuadamente a los
nuevos retos sociales. Su estructura básica, el mapa escolar nacido de la doble
red de centros públicos y privados, fue diseñada hace más de treinta años para
unas circunstancias que han variado de forma sustancial: la natalidad ha
descendido dramáticamente, las redes viarias y comunicativas han acortado las
distancias y tenemosnuevas necesidades
derivadas de una sociedad mucho más compleja, heterogénea y azotada por la
crisis.
Nuestro sistema
educativo, además, afronta un doble problema que nunca se ha enfrentado de cara
en Asturias. En primer lugar, la falta de proyecto político y social que alinee
el sistema educativo con una serie de objetivos que permitan un diagnóstico,
marcar objetivos cuantificables al sistema y su evaluación y que, además,
permita la rendición de cuentas. En segundo lugar, la Administración educativa
asturiana adolece de un modelo de gestión moderno, descentralizado y
profesionalizado. Modelo de gestión cuyo eje de rotación debe ser, y así se
señala en las sucesivas leyes educativas, el papel estelar de las
familias, los docentes y la autonomía de los centros.