ELOGIO DE LA POLÍTICA

FESTINA LENTE

lunes, 25 de abril de 2022

El Solarón


 


El ‘solarón’

El urbanismo gijonés se la juega en este espacio privilegiado

El pasado 19 de marzo, en este mismo diario, se publicaba un extracto de la interesante entrevista que Juan Neira hizo a Joel García, presidente de la Confederación Asturiana de la Construcción (CAC-Aprocon), en la que se hablaba ampliamente de los retos que afronta este sector. Desafíos derivados de la subida del precio de los materiales, de la inflación, de la ausencia y formación de profesionales y, también, de las penosas trabas burocráticas para las empresas. El sr. García dio respuestas razonables y también opinó sobre el urbanismo gijonés, defendiendo el soterramiento del tráfico en el Muro (pensamos que inviable a día de hoy) y formulando una pregunta para justificar su rechazo al planteamiento de dejar como parque los terrenos del ‘Solarón’: «¿Qué es más importante, tener un parque para pasear el perro... o tener suelo urbanizable para que nuestros hijos tengan un piso a precio razonable?». Esta última cuestión planteada por el sr. García nos abre la posibilidad de hacer algunas reflexiones:

Primera: no nos engañemos. Esta oferta de vivienda estará dirigida a un tipo de comprador no precisamente juvenil. El plan actual contempla 2.000 viviendas libres (una barbaridad), que teniendo en cuenta la creciente proyección turística de la ciudad y la ubicación del ‘Solarón’ (valorizada aún más por la llegada del AVE) tendrán una fuerte demanda como vivienda habitual, pero también como segunda vivienda, negocios vacacionales o simplemente inversión-refugio en tiempos económicos turbulentos como los que vivimos y viviremos. Naturalmente todo eso influirá en un abultado precio.

La mayoría de los jóvenes, desgraciadamente, están a otra cosa: obtener un empleo digno. La precariedad laboral, el escandaloso paro juvenil y, consecuentemente, la incapacidad para ahorrar, hacen que muchos de ellos carezcan de estabilidad laboral o vital y estén sumergidos en la dependencia de sus padres para subsistir. O eso o la emigración. A ello se suma la previsible subida del tipo de interés hipotecario y la ausencia de políticas efectivas de alquiler. No usemos el acuciante problema de acceso a la vivienda de muchos jóvenes para justificar una oferta como la planeada en el ‘solarón’, perfectamente legítima, pero que tiene, mayoritariamente, otros destinatarios.

Segunda: seamos prudentes y estemos vigilantes. Conviene recordar que, con parecida coartada y alguna más, el ejecutivo municipal de PSOE e IU decidió, a comienzos del actual siglo, en tiempos de burbuja inmobiliaria y fabulosas plusvalías, saltar el rubicón urbanístico de la ronda sur, y se elaboraron faraónicos planes especiales para el valle de Granda y Castiello. Sirva un ejemplo: en torno a la senda verde de La Camocha se pretendía construir, a lo largo de dos kilómetros, 58 edificios de 4 y 5 alturas más bajo cubierta (1.000 viviendas libres y de lujo). Además se quería añadir un vial de cuatro carriles con sus oportunas conexiones. ¿Se lo imaginan? La obra planeada era de tal magnitud que, aparte de daños medioambientales evidentes, rivalizaba en impacto visual y paisajístico con la plaza del Marqués o el mismísimo Muro de San Lorenzo, recordatorios permanentes para los gijoneses de la especulación que pone ‘a la sombra’, durante meses, a todos los paseantes. Afortunadamente no se llevaron a cabo, pero no por iniciativa política, sino por demandas judiciales de particulares.

Tercera: en el medio suele estar la virtud. Volvamos al Muro: la disyuntiva racional, en los años 60, no era entre construir o no construir, sino en edificar con criterios de interés público (altura, diseño...) o que ‘hicieran caja’ cuatro listos. La dictadura ayudó a que prosperase lo segundo, convirtiéndolo para generaciones de gijoneses en ‘el Muro de las lamentaciones’.

La misma disyuntiva lógica se plantea en el caso que nos ocupa. El urbanismo gijonés se la juega en el ‘Solarón’, porque, por su privilegiada ubicación, se convierte en la tarjeta de presentación del Gijón histórico y vía principal de acceso a sus dos paseos marítimos. Frente a lo fácil (o todo o nada), lo más razonable sería revisar su plan especial y diseñar un espacio con muchas menos viviendas, más zonas verdes y equipamientos públicos. Y todo ello con un diseño urbanístico acorde con la ciudad que, movilidad incluida, pretendemos ser.

Los gijoneses no debemos permitir más errores, y por eso debe ponerse en marcha la buena política, la democrática, la que está basada en informes técnicos solventes, deliberaciones, realismo, acuerdos e interés general. No está el horno para bollos urbanísticos: ya tenemos bastante sufrimiento, cada día y desde hace veinte años, al salir a dar una vuelta y tener que rodear los eriales del Plan de vías... Que no hemos sido capaces de acondicionar provisionalmente ni para pasear al perro.

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