ELOGIO DE LA POLÍTICA

FESTINA LENTE

viernes, 19 de febrero de 2010

Cualidades para la crisis

Estas son algunas cualidades de liderazgo que en la adversidad adquieren más importancia:

1. Integridad y honestidad intelectual. Se requiere para abandonar ideologías e intereses partidistas superados por una realidad desbordante y en permanente evolución. Los hechos son el único punto de partida fiable, de espaldas a ellos estrellarse es cuestión de tiempo.

2. Inteligencia analítica. La dificultad es tiempo para mentes lúcidas que no se quedan en los síntomas de la enfermedad, estudian las causas de la misma. Un diagnóstico acertado representa un porcentaje sensible de la solución final. Con él ya se está en la fase de recuperación.

3. Trabajo en equipo. Cuatro ojos ven más que dos. Cerca del líder ha de haber profesionales no sólo leales y comprometidos, sino brillantes e independientes. Sólo éstos dirán lo que otros silencian. La sinergia se acurruca en el espacio creativo entre legítimas diferencias y singularidades.

4. Sentido histórico del tiempo. Nada es por nada. La situación presente es consecuencia de un pasado que en sus excesos hay que superar y corregir. Alargar la resaca después de una cogorza importante no parece prudente.

5. Humildad para reconocer errores, solicitar ayuda y levantarse después de la caída. Esta interpretación deportiva de la vida confiere al líder agilidad de reflejos y flexibilidad mental.

6. El arte de la comunicación. Liderar es entablar una conversación de altura con la sociedad que se quiere servir. Al enfermo hay que decirle lo que tiene, trazar un plan de choque y acompañarle en su tratamiento. De la sinceridad y solvencia del galeno, depende en gran parte el estado de ánimo del paciente. Se precisan dotes de persuasión para explicar el cambio, superar las resistencias e involucrar a jugadores clave.

7. Coraje para tomar decisiones impopulares. Ajustarse al cinturón, liquidación de gastos prescindibles, eliminación de estructuras organizativas superfluas, congelación de salarios, son medidas de austeridad y rigor en la gestión que un elemental instinto de supervivencia aconseja al buen gobernante. El carácter y determinación de éste para remar contra corriente es un rasgo distintivo y crucial.

8. Autoridad moral para pedir los sacrificios que toda crisis reclama. No se pueden solicitar renuncias a los demás si algunos, los más allegados, permanecen en una situación de privilegio.

9. Un compromiso filosófico con valores irrenunciables como la justicia y la solidaridad. No pueden pagar justos por pecadores. Los responsables de la crisis no pueden irse de rositas mientras los más pobres sufren los peores zarpazos de ésta.

10. Espíritu maratoniano y estoico. La crisis se vive con intensidad, a la par que con serenidad y paciencia. Se necesita resistencia y voluntad para aguantar el tirón inicial y no quedar atrapado en el desánimo.

11. Espíritu de grandeza para apelar a lo mejor de cada ser humano.Tiempo de zozobra, la crisis es encrucijada propicia para soñar e imaginar un futuro mejor. El líder ha de saber que las buenas gentes sólo vibran y tienen fe en el mañana si irradia confianza y seguridad. Falto de estas sus promesas suenan a excusa y ciencia ficción.

Por si es usted uno de esos líderes obligados a gestionar una crisis, me despido con estas clarividentes palabras de Vaclav Havel: "Yo no sé si estos pensamientos gozarán del aplauso de los políticos. Pero yo no puedo ayudarles: nada me ha persuadido más que el convencimiento de que hacer lo que nuestro corazón nos dice que hagamos es la mejor política de todas". Me recuerda a la sabiduría del Principito. "Lo esencial es invisible a los ojos. Solo se ve bien con el corazón". Intuición genial, ¿se ha hecho el corazón un hueco en el hemiciclo parlamentario? ¿Y en nuestro quehacer habitual? Es la hora de corazones generosos, no de mentalidades egoístas.

Publicado el 17-02-2010 por Santiago Álvarez de Mon. Profesor Ordinario del IESE

http://www.expansionyempleo.com/2010/02/17/opinion/1266400122.html

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